Amate

Amate

Amate

ÁMATE: El activo más valioso de tu vida eres tú

¿Hace cuánto no te miras al espejo y te reconoces?
No me refiero a ver tu reflejo. Me refiero a verte… de verdad. A conectar con esa mujer que antes reía con facilidad, que se ilusionaba por pequeñas cosas, que soñaba con un futuro en el que todo sería posible.
Hoy, tal vez, esa mujer está agotada. Te has olvidado de ti.
Y no te culpo, porque ser madre, trabajadora, ama de casa y compañera de vida no es fácil. Nos enseñaron a hacerlo todo, y en muchos casos, solas. Pero llegó el momento de decir basta.
Este es tu llamado: ámate, porque tú eres el activo más valioso que tienes.


¿Cuándo fue que dejaste de ser tú? Amate

Tal vez fue en el primer embarazo, cuando empezaste a postergarte para cuidar de tu bebé.
O cuando el trabajo se volvió rutina, y el estrés te hizo perder el brillo.
Quizás fue en esa discusión con tu pareja, donde tú gritabas por ayuda, y él no supo cómo darte lo que necesitabas.
¿Y si te dijera que ese momento exacto no importa tanto como lo que haces a partir de ahora?

La buena noticia es que puedes recuperarte.
La mala es que nadie lo hará por ti.


¿Quién cuida a la mujer que cuida de todos? Amate

Cada día te levantas temprano. Preparas el desayuno, organizas la casa, llevas a los niños al colegio. Luego trabajas, haces compras, cocinas, ayudas con deberes…
Y muchas noches, te acuestas llorando en silencio.
¿Por qué? Porque estás sola.
No es que tu pareja no esté físicamente, pero emocionalmente está ausente. No sabe lo que cargas, y si alguna vez ha querido ayudarte, quizá tú misma lo has bloqueado. ¿Te suena familiar eso de decirle “déjalo, no sabes hacerlo”?

Querida, si en vez de hacerlo tú, hubieras enseñado, hoy podrías tener más tiempo para ti.
Y no, esto no es un reproche. Es una invitación a que abras los ojos.


¿Por qué nos cuesta tanto soltar?

Nos enseñaron que una buena mujer lo hace todo. Que “la casa es nuestra responsabilidad”. Que si algo falla, es porque “no supimos manejarlo”.
Y con ese guion en la cabeza, te exiges más de lo que puedes dar.
Pero, ¿Quién te cuida a ti?

Tú deberías ser tu prioridad.

Cada vez que te ignoras, que pones a todos antes que a ti, te abandonas un poco más. Y llega un día en que no sólo has perdido el deseo, la energía y la motivación, sino también a tu pareja.
No porque él se haya ido…
Sino porque tú te perdiste.


¿Dónde quedó el amor? ¿Y el deseo?

Si tu relación de pareja ahora es sólo convivencia…
Si el sexo desapareció sin darte cuenta…
Si no recuerdas la última vez que se rieron juntos o se abrazaron sin prisa…
Entonces es hora de despertar.

No llores más. Toma acción.

El amor no se acaba. Se descuida.
Y cuando tú te abandonas, es difícil que el otro te vea. Porque el amor propio es magnético.
Cuando te amas, emanas una luz que atrae.
Cuando te reconectas contigo, también lo haces con tu pareja.
Pero si tú no te priorizas, ¿Cómo esperas que los demás lo hagan?


¿Qué puedes hacer hoy?

Empieza por lo pequeño. No tienes que cambiar tu vida en un día.
Solo necesitas dar un paso. Luego otro. Y otro.
Aquí van algunos pasos que cambiarán tu realidad:

  1. Escribe una lista de cosas que te hacían feliz antes.
    ¿Bailar? ¿Leer? ¿Caminar? ¿Tomar café con amigas?
    Haz al menos una esta semana.

  2. Habla con tu pareja desde el corazón, no desde la queja.
    Dile cómo te sientes. No lo acuses. Invítalo a reconstruir contigo.

  3. Pide ayuda.
    No eres débil por necesitar apoyo. Eres humana.

  4. Pon límites.
    No tienes que decir que sí a todo. Aprender a decir no también es amor propio.

  5. Haz terapia.
    Buscar guía no es señal de fracaso, sino de valentía.


Ámate, porque cuando tú estás bien, todo a tu alrededor florece

Tal vez te cuesta creerlo ahora, pero recuperarte es posible.
Puedes volver a sentirte viva.
Puedes volver a desear.
Puedes volver a enamorarte de ti y de tu pareja.
Pero todo empieza contigo.

Tú eres el activo más grande que tienes.

Si hoy no te reconoces frente al espejo, no llores más.
Mírate con amor. Con compasión.
Y hazte una promesa:
“A partir de hoy, me cuido. Me respeto. Me amo. Porque lo valgo. Porque me lo merezco. Porque sin mí, nada funciona.”


¿Y ahora qué? Amate

Este no es un artículo más.
Es una llamada urgente a despertar.
A salir del piloto automático.
A reconectar con la mujer poderosa que siempre has sido, aunque hoy no la veas.

Si estás aquí, leyendo estas líneas con lágrimas en los ojos, ya has dado el primer paso.
Y si quieres seguir avanzando, estoy aquí para ayudarte.
Como terapeuta, mi misión es recordarte quién eres, ayudarte a sanar, y enseñarte a volver a amarte.

No te rindas.
Porque sí hay salida.
Y empieza por ti.


¿Quieres agendar una sesión conmigo?
Estoy lista para acompañarte.
Recuerda: ámate. Porque nadie más puede hacerlo por ti. Amate

Meditación

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Información básica sobre protección de datos Ver más

  • Responsable: Lidia Esther Abrocha Hernández.
  • Finalidad:  Moderar los comentarios.
  • Legitimación:  Por consentimiento del interesado.
  • Destinatarios y encargados de tratamiento: No se ceden o comunican datos a terceros para prestar este servicio.
  • Derechos: Acceder, rectificar y suprimir los datos.
  • Información Adicional: Puede consultar la información detallada en la Política de Privacidad.

Scroll al inicio
Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos.
Privacidad